top of page
Search

Cada uno hace lo que puede con su dolor

Dani no puede conectarse con lo que le enseñan en el grado. Es huraño. Es un cachorro herido.  Aunque es de los más chicos en su escuela rural se sienta a un costado, casi cayéndose de la ronda de bancos. Y siempre lejos de la ventana. Tal vez tiene miedo que una mano inmensa lo tironee y lo arranque de allí. Sus ojos de carbón amordazan la ternura de sus seis años. 

Su papá vuelve interminablemente ahogado en vino cada noche, a una casa de hacheros de dos piezas, con cocina a leña. Su mamá hierve algo de cenar, pero no deja de mirarse en un viejo espejito colgado de la pared, repintándose los labios de rosa y soñando que es libre y que es niña y que un amor la espera en algún lado. No es consciente de su edad ni de quienes tiene a cargo. 

El padre vuelve y reclama una comida que no hay. Descarga una paliza de golpes, empujones e insultos sobre la madre, rugiendo como un puma del monte.

En la cama que comparten, Dani se acerca a su hermana y se tapan como si pudieran ser invisibles. Ella llora. Él le cubre la boca con su mano sucia para que no se escuche. Le retumba el corazón y contiene las lágrimas pero se da cuenta tarde de que, del miedo,  se ha hecho pis una vez más.

A punto de dar el golpe final, el padre frena el hacha cerrada en el puño, exhala una vida de frustración y sale hacia el cardal.

La madre, aún temblando pero casi alienada, vuelve al espejito y se retoca la trenza. Ha escuchado que hay un baile en el pueblo vecino. No tiene cómo bañarse, pero vuelve a pintarse los labios, se sube el cierre del abrigo y sale.

Sin embargo en los campos todo se sabe. Cuando el padre trae a Dani a la escuela dos días después, lo están esperando dos oficiales de justicia, que le dicen: "Necesitamos que venga con nosotros".


***



Daniel se despierta agitado después de una pesadilla. Esa celda oscura y hedionda es su único mundo desde que lo atraparon y lo carcome la sed de venganza. No por el robo. No fue un robo. La vida está en deuda con él. Sino por el abandono, la violencia, los golpes. Se fue metiendo en un mundo que lo tragó. Ahora lo asfixian los recuerdos del hogar de menores, de los abusos de los más grandes, del olvido y del hacerse solo desde lo más oscuro. Él quiere ser bien macho, como su papá que le daba vino de chico “para que se haga hombre”. Le daría tantos hachazos a esas rejas, y también al guardia, hasta abrirle la cabeza.

La vida le debe. Y no estará en paz hasta cobrarse.



***



Daniel se despierta agitado después de una pesadilla. Traga una bocanada de aire para salir del sopor. Una mano amorosa le toca el pecho y sabe que está a salvo. Que todo eso no volverá. Todavía desorientado mira alrededor, y es su casa, y es el uniforme de la fábrica y es la foto del casamiento de su hermana. Esa es su verdad.

Su esposa sabe y comprende. Después de todo, juntos han salido de infiernos y se han sostenido a flote por sus hijos. Mientras él se acurruca cerca de ella, vuelven a su mente los golpes y el miedo de su casa; la miseria, el abandono; los oficiales de justicia y la mano de su maestra, Patricia, esa mañana, sosteniéndolo cerca de ella:

"A él no se lo lleven. Yo me lo tengo hasta que haga falta".

Ahí, aunque de prestado en una familia que no era la suya, empezó a salir el sol en su vida. Y aunque no es fácil, fue salvado y puede salvar.


Autora: Mabel Luchetti


 
 
 

Comments


bottom of page