La orilla interior
- milfrondas

- Aug 23, 2025
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Si algún día me ves agobiada, llevame al mar. Invitame a mirar largamente el horizonte, a estirar la vista en la inmensidad del agua y recordar que el espíritu se agobia con lo que le queda pequeño, porque tiene sed de infinito.
Si alguna vez me ves triste, llevame al mar. Recordame sentir la brisa húmeda, las gotas saladas en mis labios, el sol en la piel y la arena caliente bajo mis pies. No me dejes olvidar que la tristeza se instala cuando nos privamos el derecho de vivir a flor de piel.
Si en algún momento estoy hastiada de la rutina, recordame bajar la vista y mirar las piedras de la costa... ¿te has detenido a mirarlas? Imposible encontrar dos iguales. Así mismo, quiero recordar que debo buscar aquello que hace único cada día.
Si ves que estoy a punto de abandonar, llevame al mar. Invitame a zambullirme en el agua tibia y a sentir que puede tener una fuerza imparable o puede mecerte suavemente y entonces comprender que es sabio dejarse fluir con la marea para no ser arrastrada.
Llevame al mar y mostrame que, en tamaña vastedad, mi pequeñez me recuerda que es necio querer cargar todo sobre mis hombros.
Llevame para absorber algo de su fuerza, de su sabiduría y de su inagotable persistencia. Quiero conservar la capacidad de observarlo, serenamente maravillada, de rendir culto a su poder y a su mansedumbre.
Acompañame a mirar las olas, en su constante avanzar y retroceder, así, rítmica y sabiamente, por milenios bañando la playa, con un susurro de eternidad que me trae nuevamente la certeza de que nosotros también somos eternos.
Autora: Mabel Luchetti




Hay un descanso distinto cuando aprendemos a mirar lo pequeño.