Perdoname mamá
- milfrondas

- Apr 5, 2020
- 2 min read
Perdoname, mamá… ¡Cuánto daño hice! A vos, a Anita y a Miguel. Eran tan chiquitos… Pero no pude hacer otra cosa. ¡No supe! Yo sólo necesitaba amor, no sentirme amenazada. Necesitaba paz. Vos me decías “es un negro, y encima bastardo. Usa el apellido de su madre.” Vos querías que fuera a estudiar a la ciudad. Pero ya antes de terminar el bachillerato lo habíamos planeado con José. Vos eras tan dura. Y yo te miraba y sentía que no me mirabas. No podías, capaz. O nunca me ibas a aprobar. Y él sí tenía los brazos calientes, y cuando estaba con él, a pesar de la culpa, yo era feliz. Yo lo amaba y lo hubiera seguido hasta el fin del mundo. Perdoname mamá, no me lo tendría que haber permitido. Pero ahora lloro y lloro y no puedo volver.
La primera vez que me pegó lloré días enteros. Por el golpe, por todo lo que había dejado por él y por Anita y Miguel. Y por vos, José. Perdoname. A lo mejor tenías razón. Parecía que descargabas cosas en mí, pero capaz que no fui suficiente mujer para vos. No pude. No supe.
Pero pedí ayuda. Anita y Miguel eran muy chicos cuando volví al campo, mamá. Miguel todavía tomaba el pecho, y a mí todavía me dolía la espalda de la paliza de la noche anterior, aunque no te la mostré. Pero me dijiste que aguante, “qué te vas a separar, qué van a decir”. Y esta vez sí te hice caso, y volví.
Y miraba a los chicos crecer y no tenía fuerzas. Ellos me necesitaban. Y yo no tenía amor, calor, cobijo de madre: yo misma lo necesitaba. No lo había tenido. Vos tampoco pudiste dármelo. Nunca dejaste de necesitar a tu madre, que murió demasiado pronto en España.
Y yo tampoco supe ser lo suficiente madre para vos, Anita. Ese día te tocó encontrarme a vos, Anita.
Vos tenías ocho, Miguel casi siete. Hacía frío. Los había mandado a la escuela. Te miré como nunca lo había hecho. Esa vez sí te miré. Te acomodé el guardapolvo y los vi irse por la vereda de tierra. Puse la estufa de gas en mi pieza, cerré bien todo y me acosté. De a poco fui llegando al regazo tibio de mamá, acunada por un resplandor naranja como el sol de España, sumergiéndome en ese abrazo infinito que siempre esperé…
Y a vos te tocó encontrarme así. Perdoname, Anita. ¡Cómo no vas a arrastrar tu enojo tantos años! ¡Toda la vida! Papá también habrá hecho lo que pudo. Necesitaba una mujer al lado. Y sé que mi prima siempre le había gustado. Teresa era una rubia más voluptuosa y le dio otros cuatro hijos. ¡Perdoname, Anita! Sé cuánto me necesitaste. Sé que te dejé muy sola, y que, por más que otras mujeres hayan sido mejores que yo, vos siempre me necesitaste a mí.
Por eso, Anita, sabé que lo entendí, aunque sea muy tarde. Ahora y siempre voy a estar con vos. Y te espero para darte algún día, cuando nos encontremos, mi abrazo, incondicional, tibio, naranja, infinito.





Comments